VIVIREMOS FELICES EN EL BOSQUE (Cap4)
- Jorge Alfredo Proazzi
- 5 sept 2022
- 2 Min. de lectura
VIVIREMOS EN EL BOSQUE (Cap.4)
Susy tenía disponible el dinero de la herencia del violín de su padre…
Y yo contaba con unos ahorros de un viaje que no se daría.
Como siempre, incluso hasta el día de hoy, nos tomamos de la mano y salíamos a caminar para poder soñar.
Todos los días volábamos buscando aquel árbol donde construiríamos nuestro nido.
Pero nuestras alas, aún eran cortas…
Y la pelusa que nos cubría apenas sostenía nuestro vuelo.
Un triángulo mental, entre Santa Elena, Sierra de los Padres y el Bosque Peralta Ramos estaría nuestro lugar…
En aquellos tiempos todos eran zonas rurales…
Pero los veranos de nuestra infancia en el campo cerca del mar, daría los patrones necesarios en nuestra elección.
Finalmente fue el Bosque…
Naturaleza…
Cerca del mar…
Y cerca del puerto donde sería capitán de un velero que daría la vuelta al mundo…
Conocimos a Nora Devoto, que nos vendió la esencia del bosque de aquellos tiempos y prácticamente deshabitado.
En esa época, en la ciudad, se escuchaba decir, que los que viven en el bosque son todos medios raros.
La parcela de 15 x 30 de calle Los Paraísos, nos llamaba.
Pero la calle no existía, solo una huella de auto entre plantas de menta que nos llevaba hasta el único vecino que tendríamos por muchos años.
En la espesura del bosque y tratando de dar pasos de un metro, reconstruíamos mentalmente nuestro rectángulo sagrado.
En nuestro viejo Citroën Mehari íbamos a ver el lugar de día, de noche o con lluvia…
Quizás para verificar algo que el entusiasmo no nos dejaba ver.
Finalmente el día llegó…
Estas tierras aún eran de los descendientes de Peralta Ramos y la escritura principal de estos parajes al sur de la ciudad se encontraba en Buenos Aires.
En aquella tarde de sol, en una escribanía frente al Obelisco, don Alfredo Peralta Ramos y nosotros firmamos el acta de los sueños.
En el momento del pago estábamos nerviosos, no solo porque era todo lo que teníamos, sino que pagamos con la historia de un violín, cuyas manos que lo fabricaron estaban en Alemania cuatrocientos años atrás.
Pagamos con la herramienta que le salva la vida en la guerra, al padre de Susy, en el Vaticano, para que ella pueda nacer.
Y de los sueños postergados de un joven ansioso de conocer el mundo.
Don Alfredo, tomó el dinero, se lo puso en el bolsillo, nos saludó y se fue.
Me pareció algo frío… al lado de nuestro revoltijo emocional.
Pero no lo juzgo, ya que el valor pagado en aquel entonces era similar a un televisor a color.
Nos fuimos caminando hasta la estación…
Sin siquiera sentarnos a tomar un café, si es que no queríamos quedarnos a lavar los platos en el bar.
Una vez más, nos tomamos de la mano con Susy, caminando por las calles de Buenos Aires, para soñar…
Pero en la otra mano, y alternábamos un rato cada uno, llevamos aquel rollito de papel que habíamos firmado.
Nuestro permiso de soñar.
Jorge Proazzi
(Continuará….)
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